La Naturaleza Holográfica del Universo

David Bohm, uno de los físicos más respetados inspiradores del modelo cuántico y el neurofisiólogo de Stanford, Karl Pribram, cuya interpretación de la estructura del cerebro es de las más reconocidas, fomentaron la concepción del Universo como un gigantesco holograma creado por la mente humana.

Para Bohm, el modelo holográfico del Universo servía para explicar muchos de los fenómenos considerados paranormales como la telepatía, la precognición y la psicoquinesis. También podría ser esta concepción holográfica de la realidad una de las razones que justificaran las conocidas experiencias místicas de comunión universal, la sincronicidad y la multitud de experiencias de sanaciones inexplicables y poderes supranormales.

Por otro lado, Pribram concluyó que el cerebro almacena sus recuerdos de forma diseminada holográficamente.
Como sabemos, un holograma es una imagen tridimensional lograda al fotografiar un objeto iluminado con un rayo láser, a cuyo reflejo se le proyecta un segundo haz de luz láser y el patrón de interferencia resultante es capturado en la típica forma tridimensional holográfica.
La película resultante basta con iluminarla con un nuevo rayo de luz láser para conseguir una imagen tridimensional como la que comenzamos a familiarizarnos en la película de “La Guerra de las Galaxias” de la princesa Leia.

Una de las características de los hologramas es que al partir en pedazos el holograma, no obtenemos como resultado un fragmento de la imagen, sino una reproducción completa de dicha imagen holográfica. A diferencia de la fotografía convencional, en el caso del holograma, cada parte de este contiene la información visual presente en el todo.

Esto proporcionó a Pribram la conclusión de que
cada porción del cerebro parecía contener la totalidad de los recuerdos de la persona y le llevó a concluir que el mismo cerebro podría ser una suerte de holograma en que la memoria, más que en grupos de neuronas, se encontraría en forma de impulsos nerviosos que se entrecruzan o interfieren de forma parecida a esas imágenes holográficas tridimensionales capturadas con láser.Arreglándoselas luego para traducir el conglomerado de frecuencias luminosas, sonoras, etc. recibidas a través de los sentidos y transformarlas en percepciones sensoriales de la realidad.

Esa capacidad holográfica del cerebro, aluden los neurofisiólogos, determina la manera en que este codifica, descodifica y descifra las percepciones del mundo “allá fuera”, de forma similar al lenguaje matemático de las transformaciones de “Fourrier” utilizadas por el proceso holográfico.

Según esto la “realidad” no existiría de un modo objetivo, sino como hologramas creados en el interior de nuestras mentes, y aquello a lo que denominamos “mundo exterior”, no sería más que un océano de energía y vibración.Para Bohm, la explicación cuántica de que las partículas subatómicas puedan registrar lo sucedido a otras partículas aún encontrándose a distancia entre ellas, es que en un nivel profundo – cuántico – de la realidad esas partículas no son entidades diferentes, sino que forman parte de un todo fundamental interconectado: el orden implicado.

Todos formamos parte de una Mente Global, por lo que la capacidad de un cerebro o mente en particular de acceder a la información de otra mente individual – telepatía, precognición, sanación a distancia, etc. –ya no sería un problema, puesto que cada cerebro contiene la totalidad de los restantes.

De acuerdo al modelo holográfico del mismo modo que cada parte del holograma contiene a la totalidad, cada partícula gemela contendría la información relativa a la pareja completa. Más allá, en un Universo Holográfico, nuestro cerebro y de hecho cada neurona y átomo de este, de algún modo contiene al Universo entero.

En su libro “El Universo Holográfico”, Michael Talbot, apunta a que la multitud de casos de experiencias religiosas y místicas podrían tener así mismo su origen en el acceso al ámbito holográfico por parte de la capacidad de los místicos para entrar en los ámbitos de sus mentes que facilita la experiencia de esa Unidad Cósmica.

Si a través de nuestra percepción recreamos una y otra vez hologramas, podríamos estar influyendo y cocreando continuamente nuestra realidad a través de esa habilidad para ser “creadores de hologramas”.